Madre, faro eterno que al alma seduce.
Con manos cálidas, consuela y abraza,
tejiendo sueños con amor que abrazan.
Sus ojos, estrellas en la noche oscura,
reflejo de ternura, fortaleza pura.
En cada risa, en cada lágrima derramada,
su ser resplandece, sin pedir nada.
Madre, esencia de un lazo irrompible,
canto de amor en lo indecible.
En su abrazo hallamos paz y abrigo,
poesía eterna, en su ser, testigo.
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