En el silencio donde habita el pasado,
se alzaron muros de orgullo y heridas,
pero el tiempo, con manos compartidas,
bordó un puente entre lo quebrado.
Tus ojos, reflejo de antiguas penas,
se encontraron con los míos, sinceros,
y en ese cruce de gestos certeros,
brotó el perdón entre almas llenas.
No hicieron falta grandes discursos,
solo un suspiro, una lágrima callada,
la redención llegó suave y alada,
como luz tras los cielos oscuros.
Hoy caminamos sobre un suelo nuevo,
donde el rencor ya no tiene morada,
y el amor, en su forma más renovada,
es semilla que florece en cada intento.
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