¿Has oído alguna vez el sonido
que produce una persona rota?
Ninguno. Silencio.
No dice nada, solo sigue adelante
a pesar que en cada pisada vaya
dejando restos de sus pedazos.
No hay lágrimas en su rostro,
pero si te das la oportunidad de
mirar sus ojos, podrás albergar
la magnitud de su dolor.