¡No me dispares, por favor!
Estaba frente a ti, diciéndote lo mucho
que te quería, lo mucho que te extrañaba en mi vida.
¡No me dispares, por favor!
Que mi vida está vacía con tu
ausencia. Te quiero. Te quiero en
mi vida.
¡No me dispares, por favor!
Disfrutabas aquel momento en
que me tenías en tus manos,
viéndome tan vulnerable.
Entonces entendí que ya no
había amor en tí al mirar tus ojos.
Conforme me apuntabas, fui acercándome a ti,
me puse lo suficientemente cerca del arma que
sostenías y en un momento de desesperación,
te grité: ¡DISPARA!, mientras caía una lágrima.
Y disparaste, a pesar de todo.